En este momento se desatan dos epidemias. El virus de COVID-19, y el virus del miedo.

Ambos son serios. Ambos son manejables.

Déjame hablar hoy del virus del miedo. Lo que yo considero el aspecto más pernicioso del momento. El contagio emocional es poderosísimo y se puede apoderar de nuestra mente y nuestras emociones con una facilidad y una fuerza arrolladora.

Entonces, empecemos por entender los fundamentos del miedo y después el cómo enfrentarlo.

El miedo forma parte básica de nuestro instinto de preservación. A lo largo de miles de millones de años la naturaleza ha ido perfeccionando su estrategia de premio y castigo emocional para mantenernos vivos hasta la edad de poder procrear y así cumplir su agenda de continuidad.

Para ello nos ha cargado la mente con una programación fundamental, que resulta perniciosa en momentos como este, cuando estamos llamados a asumir nuestra grandeza.

Esta programación básica ha instituido en nuestro ADN un código irracional, que nos hace sentir que lo que tememos, es por lo menos cinco veces más valioso que lo que podemos ganar. Y para mantenernos bajo su control, lleva esta manipulación mental a tal punto, que no hace visualizar escenarios catastróficos, por si acaso estamos contemplando enfrentar la situación.

Y momentos como este, en el cual nos encontramos en medio de la propagación de una pandemia, son la panacea para esta mente primaria. Se engancha a la neurosis, se alimenta de la sicosis colectiva y a través de nosotros, la propaga con virulencia.

Veamos el mecanismo en acción. Cada vez que actualizas tu buscador y ves una nueva estadística de la propagación del virus, la programación básica en tu mente primitiva, libera un disparo del neurotransmisor conocido como dopamina. Este disparo genera una sensación muy placentera, similar a la que se siente cuando se ingiere cocaína. Terriblemente adictiva. Y esta te incita a seguir actualizando tu buscador, descubriendo nuevas noticias amenazadoras.

Después, de encontrar algo nuevo, y cuanto más terrible mejor, la mente primitiva te incita a retransmitir esta noticia a tu red social. Y ahora, te recompensa con la liberación de adrenalina y oxitocina. La adrenalina es el neurotransmisor que dispara el estrés. Nos provoca el deseo de pelear o huir y nos pone en alerta máxima. Mientras que la oxitocina es el neurotransmisor del amor y la felicidad. Nos hace sentir socialmente enganchados. Ambas sensaciones, en tiempos normales son buenas y sanas. Sin embargo, en momentos como este, de una creciente sicosis de miedo colectivo, son un coctel de sobreestimación letal, que termina por agotarnos física, mental y emocionalmente.

Por lo tanto, en estos momentos, el miedo colectivo, en vez de estarnos ayudando a tomar mejores decisiones, nos está consumiendo, desempoderando y afectando nuestra salud.

Esto no quiere decir que no debes estar al tanto de lo que está pasando. ¡Hay que estar informados! Sin embargo, hay que administrar la información. Te sugiero que te conectes dos veces al día a las noticias para conocer los adelantos. Con eso estarás más que bien informado. Y si hay algo que tienes que saber, créeme, alguien te lo va a hacer saber.

La verdad es que estar checando nuestro teléfono en tiempos normales cada 12 minutos y en tiempos extraordinarios como este, aun más, es contraproducente.

¿Entonces qué hay que hacer?

Enfrenta tu miedo.

Los dos temores más importantes en este momento son perder nuestra salud y perder nuestro ingreso. Entonces, en vez de estar paralizados checando nuestros teléfonos cada cinco minutos, alimentando nuestros miedos y desempoderándonos, asumamos nuestra grandeza.

Para afrontar el miedo de perder tu salud, ponte a hacer ejercicio, físico, mental y espiritual. fortalécete.

Y para afrontar el miedo de perder tu ingreso, reinvéntate. Nunca hubo mejor momento que este para hacerlo. Entonces manos a la obra.

En las siguientes cápsulas entraré en mayor detalle de cómo tomar mayor control de nuestra vida y emociones.

Pero por el momento, te invito a respirar profundamente y relajarte. Inhala profundamente, y al exhalar, libera el aire con un fuerte suspiro, haciendo el sonido ahhhhh. Muy bien. Una vez más… Entiende que únicamente tienes control sobre dos cosas: lo que piensa y lo que haces.

Entonces empieza por empoderarte y seleccionar con cuidado la información que consumes. Procura que sea información que te nutra, estimule y fortalezca. La lectura de biografías de grandes seres humanos, que han enfrentado y superado momentos difíciles como este, es una fuente de inspiración inagotable.

Luego está en lo que puedes hacer. Una acción básica es razonar, ¿cómo puedo minimizar mi riesgo de contagio? Y dos sugerencias básicas vienen a la mente. Primero, resguardarte. No te acerques a lugares donde se está propagando el virus. Y dos, fortalecer el órgano que ataca el virus, tus pulmones. En el internet hay todo tipo guías, para hacer diferentes tipos de ejercicio, que fortalecen tus pulmones.

Un maestro de respiración que respeto mucho se llama Dan Brulé. Él es ex-buso de fuerza especiales que entrena en técnicas avanzadas de respiración. Un buen ejercicio para hacer en estos de reclusión es leer su libro “ Respirar la vida” y someterte al reto de 21 días que comparte en él. Esto te ayudará a ocuparte en lugar de preocuparte. y también te entrenará en cómo desarrollando la destreza básica de la respiración controlada que te ayudará a fortalecer tus pulmones, al mismo tiempo que aprendes a usar la respiración para manejar el estrés. Adelante.

Cómo siempre te recuerdo que tú eres grande y que la vida exige tu grandeza. Hasta el próximo comentario.

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