El líder que se multiplica

Hay algo profundamente gratificante en sentirnos necesarios. Que nos busquen. Que pidan nuestra opinión. Que los problemas difíciles lleguen a nosotros porque “Mac seguramente sabrá qué hacer”. Alimenta el ego. Y también puede convertirse en una trampa.

Porque quizá la verdadera medida de nuestro liderazgo sea exactamente la contraria: no cuánto nos necesitan, sino cuánto pueden crecer sin nosotros. Un verdadero líder se multiplica. Forma personas capaces de pensar, decidir, asumir responsabilidad, equivocarse, aprender y, eventualmente, formar a otros.

Eso exige generosidad para enseñar, paciencia para acompañar, humildad para soltar y firmeza para saber cuándo dejar ir. Por eso quizá valga la pena cerrar la semana con una pregunta un poco incómoda: Si mañana ya no estuvieras, ¿lo que construiste se detendría… o seguiría creciendo?

Nuestro trabajo como líderes no es hacernos indispensables. Es lograr que otros descubran capacidades que quizá ni ellos sabían que tenían y, Dios mediante, algún día nos superen. Porque entonces algo de nosotros seguirá creciendo mucho después de que hayamos soltado las riendas. Tal vez ése sea nuestro verdadero legado.

Have a great day.