Llegamos al mundo sin opiniones sobre casi nada. Y rápidamente nos pusieron unos lentes. Familia, cultura, educación, religión, país, generación… nos enseñaron qué era bueno, normal y verdadero.

Gracias a esos lentes aprendimos a vivir. El pequeño detalle es que olvidamos que los llevamos puestos. Y un día dejamos de decir: “así veo yo el mundo” y empezamos a decir: “así es el mundo”.

Hoy elige una de tus grandes certezas y haz algo que quizá hace mucho no haces: ponla sobre la mesa y pregúntate: ¿Esto lo descubrí, lo elegí… o simplemente lo aprendí?

No tienes que cambiarla. Sólo atrévete a examinarla. Limpia un poquito los lentes y vuelve a mirar. Quién sabe qué descubras.

Ten un gran día.