Ayudar demasiado también puede hacer daño

Me gusta ayudar. Cuando alguien que quiero tiene un problema, mi cabeza inmediatamente comienza a buscar soluciones. Cuando un colaborador se atora, quiero destrabarlo. Cuando algo peligra, quiero entrar y resolver. Durante muchos años pensé que eso era simplemente una virtud. Hoy ya no estoy tan seguro.

Porque existe una línea muy delgada entre ayudar a alguien a crecer y evitarle el esfuerzo que necesita para crecer. Cada vez que resolvemos algo que otro podría aprender a resolver, quizá solucionamos el problema de hoy, pero creamos uno para mañana. Sin querer, le enseñamos: “Cuando las cosas se pongan realmente difíciles, alguien vendrá a rescatarme”. Y nosotros aprendemos la otra mitad de la ecuación: “Si quiero que salga bien, tengo que hacerlo yo”. Ahí comienza la trampa.

Hoy, antes de entrar corriendo a resolver el problema de alguien, detente un momento y pregúntate: ¿Me necesita a mí… o necesita descubrir que puede hacerlo por sí mismo?

Have a great day.