¿Te has preguntado cuántas de tus emociones son realmente tuyas?
Los seres humanos tenemos una capacidad maravillosa para contagiarnos emociones. Una sonrisa nos hace sonreír. El entusiasmo de alguien nos llena de energía. Un acto de generosidad nos inspira a hacer lo mismo. ¡Es parte de la magia que nos permite conectar, aprender y crecer juntos!
Pero también se contagian el miedo, el enojo y la indignación. Basta escuchar a alguien furioso para comenzar a molestarnos también. Y hoy, las redes sociales han aprendido a aprovechar esta capacidad, mostrándonos una y otra vez aquello que más nos emociona, nos preocupa o nos provoca.
Nuestros saboteadores son como botones que otros pueden aprender a apretar. Si necesitamos reconocimiento, nos ofrecen aplausos. Si tenemos miedo, nos alimentan con amenazas. Si nos encanta tener la razón, nos muestran información que confirma nuestras creencias. Y si buscamos placer, nos ofrecen pequeñas recompensas que nos invitan a regresar por más.
Lo inquietante es que muchas veces participamos encantados, sin darnos cuenta de que alguien más está influyendo en nuestras decisiones.
Hoy te invito a hacer un pequeño experimento. La próxima vez que una noticia, una publicación o un comentario despierte una emoción intensa, detente unos segundos y pregúntate: ¿Por qué estoy reaccionando así? ¿Alguien acaba de apretar uno de mis botones?
No se trata de dejar de sentir ni de desconfiar de todo. Se trata de reconocer qué despierta nuestras emociones para recuperar la libertad de elegir cómo responder.
Porque quien conoce tus botones puede influir en tus reacciones. Pero cuando tú los conoces, recuperas el poder de decidir.
Have a great day.
Un gran y útil recordatorio: yo conozco mis botones y tengo el poder de decidir.
Gracias Mac.
Hagamos un gran día hoy!