Desde pequeños nos van entregando mapas.
Lo que significa triunfar. Qué conviene estudiar. Cuánto deberíamos ganar. Cómo debemos comportarnos. Qué corresponde hacer a nuestra edad. Incluso qué sueños son sensatos y cuáles deberíamos olvidar.
Y esos mapas son útiles. Nos orientan, nos protegen, nos transmiten la experiencia de quienes caminaron antes que nosotros.
El problema comienza cuando confundimos el mapa con nuestro destino.
Podemos pasar años haciendo todo “bien” y, sin embargo, sentir ese pequeño malestar difícil de explicar. Tenemos lo que alguna vez pensamos que queríamos… pero algo no termina de encajar.
Quizás no falta nada.
Quizás simplemente hace tiempo que dejaste de preguntarte qué quieres tú.
Hazlo hoy.
¿Qué parte de la vida que estás construyendo elegiste conscientemente… y qué parte simplemente heredaste?
No tienes que rebelarte contra nada ni contra nadie. Tampoco tirar el mapa.
Simplemente toma el lápiz.
Conserva los caminos que todavía tienen sentido. Borra alguno. Dibuja otro. Atrévete incluso a marcar un destino que nadie había imaginado para ti.
Porque encontrar tu norte no significa rechazar de dónde vienes.
Significa decidir hacia dónde quieres ir.
Y hay una alegría enorme en descubrir que todavía tienes el lápiz en la mano.
Ten un gran día.