Hay pocas cosas más frustrantes que ver a alguien hacer realidad esa idea que tú tuviste hace años.
La viste. La imaginaste. Se la contaste a tus amigos. Quizás hasta dibujaste cómo podría funcionar.
Pero no diste el primer paso.
Y un día ahí está.
En una tienda. En internet. Convertida en una empresa, un libro, un producto, un proyecto.
Y duele.
No porque alguien te haya robado algo.
Sino porque sabes que tú también pudiste haberlo hecho.
Las personas creativas vivimos especialmente expuestas a esto. Nuestra mente se adelanta. Vemos posibilidades que todavía no existen y podemos confundir la emoción de imaginarlas con haberlas creado.
Pero todo nace dos veces.
Primero en la imaginación.
Después, en la realidad.
Y entre una y otra hay un instante decisivo:
el momento en que te mueves.
Haz la llamada. Escribe la primera página. Construye algo pequeño. Pide ayuda. Ponlo a prueba.
No necesitas saber cómo termina.
Solo necesitas comenzar.
Porque tu creatividad es uno de los grandes regalos que te dio la vida.
No la condenes a vivir solamente en tu imaginación.
Hazle justicia.
Atrévete a descubrir hasta dónde puede llevarte.
Ten un gran día.