Extiende la mano, pero no camines por el otro

Aquí está lo difícil: muchas veces sabemos la respuesta. La experiencia nos permite ver en minutos algo que a otra persona puede tomarle horas descubrir. Y entonces aparece la tentación irresistible de decirle exactamente qué hacer.

Pero quizá nuestra responsabilidad como líderes no sea demostrar cuánto sabemos. Quizá sea ayudar al otro a aprender a pensar. La próxima vez que alguien llegue a ti con un problema, resiste por unos minutos el impulso de resolverlo. Pregunta: ¿Tú qué harías? ¿Qué opciones ves? ¿Qué podría salir mal? ¿Qué necesitas para tomar la decisión? Y escucha.

Tal vez descubras que tu mejor aportación no era darle una respuesta, sino hacerle la pregunta que le permitió encontrarla. Podemos compartir conocimiento, enseñar un método, señalar aquello que el otro todavía no alcanza a ver y extender la mano. Pero hay algo que nunca podremos hacer: caminar por el otro.

Ten un gran día.