Lo que ahorra minutos hoy puede costarnos años mañana

“Yo lo hago”. Cuántas veces he dicho esas tres palabras. A veces porque tengo prisa. Otras porque sé cómo hacerlo. Y, seamos francos, muchas veces porque estoy convencido de que yo lo puedo hacer mejor. Y probablemente sea cierto.

El problema es que cada vez que hacemos por alguien aquello que podría aprender a hacer por sí mismo, ganamos unos minutos y perdemos una oportunidad de desarrollar a una persona. Enseñar toma tiempo. Ver a alguien equivocarse desespera. Permitir que lo haga diferente a como lo haríamos nosotros exige humildad. Pero ése es precisamente el trabajo.

Porque si cada problema difícil termina nuevamente en nuestro escritorio, un día descubriremos algo incómodo: nos hemos convertido en el cuello de botella de aquello mismo que ayudamos a construir.

Quizá hoy, cuando estés a punto de decir “yo lo hago”, prueba cambiar tres palabras por tres diferentes: “¿Tú qué harías?” Tal vez tardes un poco más hoy. Pero imagina todo lo que puedes ganar mañana.

Ten un gran día.