Hoy quiero invitarte a conocer una de las nuevas fronteras de la ciencia. El mundo secreto de los árboles y deleitarte conmigo ante su inteligencia, compasión y solidaridad. Podríamos decir que son el superorganismo de la tierra.

Simplemente para abrir boca, imagínate que en una cucharadita de tierra de bosque, hay tantos organismos vivos que seres humanos sobre la tierra. Escuchaste bien, en esa cucharadita hay más de 6 mil millones de criaturas vivas interactuando y fomentando el sustento de la vida.

Pero eso es solo el principio de lo que pasa bajo nuestros pies. Resulta que ahí abajo hay lo que los científicos han denominado el “wood wide web” o sea el internet del bosque.

Hemos sido mal informados. En la escuela nos enseñaron sobre la selección natural y que los árboles son criaturas aisladas e independientes, peleando por su pedacito de terreno. Falso, falso, falso.

La interacción solidaria entre los arboles, sus crías, los hongos y los microorganismos, es una lección de vida para todos nosotros. Su integración, compasión y resiliencia es un modelo a seguir, si queremos prosperar como seres humanos.

Por ejemplo en el norte de Europa se encuentran un conjunto de raices de árbol que llevan más de 9,500 años reproduciendo. ¡Qué no nos podrá enseñarnos esta criatura sobre la resiliencia y la colaboración!

Por otro lado, el organismo viviente más grande del mundo es un hongo, el Armillaria ostoyae, que se encuentra en el Bosque Nacional de Malheur, en Oregón, Estados Unidos. Este organismo, conocido como hongo o seta de miel, empezó de una sola espora demasiado pequeña para ser vista sin un microscopio, hasta llegar hoy a extenderse 880 hectáreas, o sea, lo equivalente a 1665 campos de futbol.

Pero regresemos al “Internet del Bosque”. Una simbiosis entre los filamentos de las raíces de los hongos y los arboles que conforman una supercarretera que transporta nutrientes e información entre los árboles, sus crías y otros microorganismos, y que en reciprocidad los árboles alimentan.

Te comparto un par de ejemplos de cómo colaboran los árboles.

En el verano los arboles de hojas perennes, como los pinos, se encuentran en la sobra de los arboles más altos y dado la escasez de rayos solares casi no puede generar fotosíntesis. Por lo tanto, los árboles más altos les pasan nutrientes a través de la red. Y en el invierno cuando los arboles más grandes pierden sus hojas y no puede producir alimento, los pinos absorben la luz solar y generan alimento para ellos y su comunidad.

Pero no termina ahí. Cuándo hay un cambio repentino en una parte del entorno, los árboles avisan. Cuándo uno se enferma, los otros lo cuidan. Al igual que si hay una invasión de parásitos, se organizan y como una unidad la enfrentan. Tienen muy claro que todos dependen de todos y que juntos son más fuertes y resilientes.

Y no es únicamente bajo tierra que se da la magia de la comunicación. Arriba también están activos.

En la sabana africana hay muchas Acacias, que para las jirafas son una verdadera delicia. Y que si se les dejara comerlas a su antojo, en un ratito acabarían con toda una comunidad. Entonces, estos árboles han creado un mecanismo de defensa. Cuando la saliva de una jirafa toca una hoja de Acacia, el árbol la reconoce y emite una sustancia de alarma, que a través del aire alerta a los otros árboles de su comunidad. Y estos a su vez mandan una sustancia agria a sus hojas que desagrada y aleja a las jirafas.

Ahora trasladémonos a los bosques del norte de Europa donde abundan los venados y los jabalíes que adoran las bellotas. Aquí los árboles belloteros deciden entre si, sí este año conviene producir bellotas. Todo depende de como les fue el año pasado con el asecho de los venados y los jabalíes. Si estuvo tranquilo se ponen de acuerdo y producen bellotas. Si no, se aguantan uno o dos años sin dar fruto. Su estrategia es restringir el alimento para las crías de estos depredadores y así regular su propagación. WOW.

Todavía no se sabe a ciencia cierta como opera la “mente” de los árboles. Parece que en las puntas sus raices hay un tipo de neuronas que en su conjunto son su cerebro, y que les permite toma decisiones en cuanto a cómo interactuar con el entorno.

En fin, podría continuar con estas historias, que darán mucho de que hablar en los años por venir. Por lo pronto, espero que con esta pequeña reseña te cambié tu percepción de los árboles y los mires con nuevos ojos renovados de asombro, respeto y amor. Si te interesa profundizar el tema, te recomiendo el libro “La vida secreta de los árboles” de Douglas Rushkoff.

Para concluir te invita a realizar el ejercicio de meditación que hago todas las mañanas cuando estoy en casa. En el jardín hay un maravilloso roble que le puse de nombre Sofía y con la cual medito. Al inhalar recibo de ella oxigeno y al exhalar le brindo mi gas carbónico que ella utiliza para generar fotosíntesis. Este pequeño momento de conciencia me centra y me integra a la rueda de la vida y me llena de amor del bueno. Inténtalo. No te la vas a acabar.

Ten un gran día.