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Tatuajes en el corazón

Acabo de leer un gran libro. Se llama “Tatuajes en el corazón” de Greg Boyle. Es la visión de un párroco que trabaja en el vecindario con la mayor concentración de actividad pandillera y criminal en Los Ángeles, California.

El Padre “G”, como le dicen cariñosamente los de barrio, es un visionario emprendedor. Entre sus grandes logros está “Home Boy Industries”, el programa de reinserción de pandilleros a la sociedad más exitoso del mundo.

Su libro me hizo reflexionar sobre la grandeza humana y confirmar una vez más como el amor ablanda aún los corazones más endurecidos.

Nota: Al final del comentario te incluyo dos ligas. Una  al podcast y otra al libro por si te interesa.

A veces la vida nos pone en situaciones terribles. Por ejemplo, nacer en un hogar disfuncional con padres tremendamente confundidos, viciosos y abusivos. Al mismo tiempo que nos obliga a crecer preso en un entorno social violento y desalmado que te ofrece un marco de referencia sombrío y pesimista.

El barrio bajo de Los Ángeles es un lugar así. Los jóvenes se unen a las pandillas buscando identidad, pero a fin de cuentas sólo encuentran odio, vicio, cárcel y muerte.

Al volverse el párroco de “Dolores Mission Church”, el Padre G decide ayudar a los jóvenes del barrio de recién liberación de la cárcel. Quiere que no regresen a la pandilla y terminen otra vez en la cárcel, o aún peor muertos. Y se pone a analizar que puede hacer.

Encuentra que lo que más desean es un empleo. Algo que les dé un sentido de propósito, identidad y pertenencia. Y con eso en mente crea “Home Boy Industries”. Inicia con una panadería. Después le añade una cafetería. Sigue con cultivo de frutas y verduras y preparación de salas y queso. Continua con una fábrica de camisetas estampadas y finalmente integra una serie de servicios de empleo, aunados a programas sicológicos para ayudarles a mentalizarse para triunfar.

A lo largo de los últimos 30 años la empresa se ha convertido en una luz en esta comunidad chicana, devolviéndole su dignidad a miles y miles de jóvenes pandilleros que sin su ayuda y amor hubiesen terminado nuevamente en la calle como carne de cañón. Su lema lo dice todo: “nada detiene una bala como un empleo”.

Hay una escena en el libro que creo que nos puede ayudar a realmente a  entender el liderazgo. Muchas veces queremos imponer nuestro criterio a través de ejercer nuestra autoridad. Sin embargo, su estrategia se me hace mucho mejor. En vez de imponerse, va guiando y ayudando a los demás a crecer en base a preguntas. Y les ayuda a reenmarcar lo que ven como un problema apelando su sentido trascendente de ser humano.

Resulta que un día el Padre G decide dejar pasar la noche en la iglesia a una persona sin hogar. Rápidamente se corre la voz y poco a poco uno que pernocta en la iglesia se transforma en dos, y de dos en 10, y después en 50 y finalmente en casa llena con más de 100.

Como te podrás imaginar, entre más gente duerme en la iglesia, más huele a patas al día siguiente. Y aunque el Padre G y su equipo limpian las alfombras, aplican aromatizantes y queman incienso, prevalece algo de olor.

Ahora, la comunidad quiere mucho al Padre G, pero poco a poco conforme crece el número de personas sin hogar que duermen en la iglesia y con ello el olor a patas, los colonos que asisten a la misma dominical empiezan a murmurar que cada vez huele peor y que si no hacen algo al respecto van a ir a otra iglesia a misa.

El Padre G se percata y decide enfrentar el problema. Piensa “no puedo resolver el olor, que por cierto no es insoportable, por lo tanto voy a utilizarlo a mi favor.”

Mira como lo maneja. Se me hace genial.

Lo primero que dice al iniciar la misa es: “¿A qué huele la iglesia?”

Esto le mueve el piso a la gente. Están mortificados. Nunca pensaron que tendrían que enfrentar sus murmullos. Se siente la incomodidad. Las mujeres empiezan a buscar no se qué en sus bolsas. Los hombres le evitan la mirada.

Él insiste “Ándenle, díganme a que huele la iglesia.”

Finalmente Don Rafael, un hombre mayor, que ya no le importa lo que opinen de él, dice: “¡Huele a patas!”

Y el Padre G responde, “¡Muy bien! Ahora alguien explíqueme ¿Y porqué huele a patas?”

Y responde una señora “Porque anoche durmieron aquí muchos pordioseros.”

El Padre G continua: “Y por qué permitimos que eso pase aquí?”

Otra responde: “Porque es nuestro compromiso.”

El Padre G insiste: “A ver alguien explíqueme bien ¿porque uno se comprometería a permitir que esto suceda?”

Otro responde: “Pues es lo que haría Jesús.”

Y el Padre G vuelve a insistir más enfáticamente: “Pues entonces, ¿A qué huele ahora la iglesia?”

Un señor se pone de pie y grita “Huela a NUESTRO compromiso”.

Y el ambiente se enciende.

Otra se pone de pie y mueve animadamente sus brazos y grita, “Huele a rosas.”

Y toda la congregación se ríe haciendo suyo el olor de sus hermanos…

Aquí quiero señalar que el olor a patas no cambió, seguía ahí. Lo que cambió fue como la gente ahora lo percibía.

Y esto demuestro el extraordinario poder que tiene un gran ser humano cuando ayuda a otros a ver el mundo a través de su compasión.

Se me hace importante esta anécdota porque cuando ponemos nuestras pequeñas quejas en un contexto más elevado, cuando asumimos nuestra grandeza y nos damos cuenta que estamos aquí para servir, no para servirnos, todo cambia. Todo se vuelve más sencillo. Más transparente. Más humano.

Entonces, para concluir este comentario quiero invitarte a abrir tu corazón a los menos afortunados. A verlos con compasión y entender que muchos de ellos están así, no por falta de capacidad o ambición, sino por falta de amor.

Y es por eso que gente como el Padre G son tan importantes. Un buen ser humano, dispuesto a hacernos enfrentar nuestra grandeza y abrir nuestro corazón al que ha perdido su camino, es importante. Muy importante. Porque nos inspira y nos da permiso a crecer.

Bueno con eso concluyo mi comentario. Y como siempre te recuerdo que tú eres grande y que la vida exige tu grandeza. Abre tu corazón y ayuda a los demás.

Hasta el próximo comentario.

Aquí está el podcast

Si te interesa leer el libro aquí está la liga .

Liga al libro en Amazon México

Abrazo.

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