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Einstein decía que hay dos formas de ver la vida. Una que nos lleva a exclamar que la vida es un milagro y otra que nos lleva a insistir que nada lo es. Tú decides qué postura quieres tomar. 

La gente que piensa que la vida es un milagro se siente eternamente agradecida. La otra, presa de su ego, se siente eternamente insatisfecha.

Ver la vida como un milagro nos entrena para ver lo que está bien, en vez de lo que está mal, y nos da ánimo para proseguir.

La mente es poderosa y, dependiendo de nuestra actitud, podemos transformar nuestra cosmovisión y nuestra realidad.

Una buena actitud nos permite ver dentro de lo que muchos consideran una tragedia una oportunidad o incluso una bendición.

Es a través de las grandes vicisitudes que crecemos. Son estas exigencias de la vida las que nos forman el carácter. 

El secreto del éxito no está en aguantar, sino en reenmarcar la desgracia en una oportunidad para crecer.

Déjame darte un par de ejemplos extremos: 

Imagínate que tienes un problema económico y pierdes tu casa. Una postura podría ser maldecir la vida y sentirte desgraciado. Otra sería sentirte agradecido por que tuviste una casa para enfrentar “la desgracia”.

Es la actitud positiva, sobre todo la actitud de agradecimiento, la que nos hace resilientes y capaces de regresar una y otra vez con mayor ánimo y propósito. 

A veces la vida nos arrebata algo más preciado que bienes materiales, digamos un hijo, y aun así nos toca ser agradecidos.

Posiblemente me preguntarás: ¿Por qué? ¿Por qué debemos ser agradecido ante las peores injusticias de la vida? Y yo te diré que debes cambiar el lente a través del cual estás mirando. 

Hay que poner de lado el lente del ego que insiste, por alguna extraña razón, que somos merecedores de un trato preferencial. 

¡Qué idea más absurda! La vida es más grande que cualquiera de nosotros. Es un regalo que nos brinda la oportunidad de ser testigos y protagonistas de un milagro.

Por lo tanto hay que enmarcar correctamente quiénes somos y por qué estamos aquí.

Nacimos para servir, no para servirnos.

Hay que estar profundamente agradecidos del regalo de la vida y del privilegio de poder servir. Aun ante la desgracia de perder un hijo, debemos ser agradecidos por haberlo tenido en nuestra custodia un tiempo y por la gran lección de vida que nos enseñó a amar con ternura hasta el último suspiro. 

Es esta actitud de servicio y de agradecimiento la que nos da ánimo para seguir. Es esta actitud de servicio que da sentido a nuestra vida y que nos hace resilientes, sabios y profundamente humanos.

Entonces, en momentos difíciles, asume tu grandeza. Cambia el lente a través del cual observas la realidad y ve el extraordinario regalo que la vida te ha dado, más de lo que te ha arrebatado. 

Todos somos pasajeros en esto que llamamos vida. Hay que estar agradecidos por el privilegio de vivir.

Hay que maravillarnos del milagro de la vida y anclarnos en el presente, en el hoy, aquí y ahora y en el regalo de un día más para servir.

Inhala, sonríe. Exhala, da gracias.

Ten un gran día.

Hasta el próximo comentario.