, , , , , ,

Por qué no hay que creer todo lo que creemos

Hoy quiero hablarte de cómo se forman nuestras creencias, que después se convierten en hábitos; y por qué no hay que creer en todo lo que creemos.

Permíteme explicarte: muchas de nuestras creencias y preferencias son simplemente el resultado de experiencias fortuitas que han formado nuestras redes neuronales de supervivencia.

Por lo tanto, no significan que son lo mejor o lo que más nos conviene.

Yo me atrevería a decir que muchas son nefastas y que atentan en contra de nuestra grandeza.

Varias nos hacen pensar en chico, criticar a los demás, limitarnos a tomar riesgos, aprender cosas nuevas y ser todo lo que podemos y debemos ser.

La ciencia moderna nos puede ayudar a entenderlo mejor: nuestra mente mamífera se ha programado durante millones de años para sobrevivir. Va creando poderosas redes neuronales de supervivencia en dos etapas: durante los primeros tres años de vida, que son cruciales para adaptarnos al medio en el cual nos desarrollamos, y durante los primeros años de pubertad, cuando nos tenemos que (nuevamente) adaptar a salir de nuestro medio habitual para buscar pareja, procrear y trascender.

Estos periodos van formando muchas de nuestras creencias y reacciones instintivas que catalogamos como “¿quién soy?”. Pero, en realidad, pueden ser simplemente reacciones aprendidas en momentos fortuitos que nos confunden, enganchan y limitan.

Déjame darte otro ejemplo. Digamos que eres una persona sensible, que creces en una casa de padre agresivo y golpeador. Esto te inhibe y te hace sufrir. Pero cuando llegas a la pubertad, te agrede un bully y respondes con gran agresividad, logrando que salga corriendo. 

Esto generó un fuerte disparo de dopamina y creó un fuerte circuito neuronal que, en forma instintiva, te transmitió que la agresividad funciona y que es vital para tu supervivencia. Más adelante, cada vez que te sientas amenazado, reaccionarás agresivamente.

En realidad no eres una persona agresiva. Eres una persona sensible, y después de tus incontrolables arranques agresivos, afrontarás una terrible cruda moral. Estás desolado. 

No te das cuenta que este poderoso impulso que te manipula no eres tú, sino simplemente una reacción química que forma parte de la programación de supervivencia con la cual nos ha dotado la naturaleza. 

Es, en cierta forma, parte de una lotería que te tocó. Hay que entenderla y aprender a capitalizarla a nuestro favor.

Entonces, ¿qué hacemos? Sigamos con el ejemplo de la agresividad. La gran diferencia entre la creatura humana y las otras creaturas es que nosotros somos capaces de decidir cómo vamos a responder entre el estímulo y la acción.

Con un poco de atención, podemos identificar la sensación cuando surge el impulso y empezar a construir nuevos circuitos neuronales. 

Aquí entra en acción la conciencia. Podemos usar afirmaciones que nos ayuden a la reprogramación. Por ejemplo, decirnos: “Ahí viene la bestia que me hace sufrir. ¡No soy yo, no me voy a dejar enganchar!” 

Estas palabras nos ayudarán a crear la pausa entre el estímulo y la acción para transformar nuestra reacción habitual y tomar control de nuestra vida.

El primero episodio de control será difícil, confuso y doloroso. Estás luchando en contra de circuitos neuronales muy enraizados. Pero la segunda vez será más fácil, y la tercera aún más. 

Poco a poco irás construyendo el nuevo circuito que te conducirá hacia la creación de una vida netamente tuya. Una vida que puedas amar y que los otros admirarán.

Ahora, en vez de estar preso del cortisol y la adrenalina que te llenan de temor, agresividad y cruda moral, estarás construyendo nuevos circuitos llenos de oxitocina y serotonina, que te conducirán hacia el respeto, el amor y la felicidad.

Por lo tanto, te invito a que te tomes un momento para pensar si tienes reacciones instintivas que no te gusten. Si es así, concíliate con ellas, entendiendo de dónde vienen y tomando el control de tu vida.

Este es tu momento, está es tu vida, haz que valga la pena.

Con esto concluyo. Como siempre, te recuerdo que tú eres grande y que la vida exige tu grandeza. Hasta el próximo comentario.

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *