Por qué

fracasan los países

Acabo de leer un gran libro que explica en una forma clara los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Se llama “Por qué fracasan los países” y fue escrito por Daron Acemoglu y James Robinson.

Su tesis es sencilla y poderosa: los países con modelos económicos y políticos inclusivos prosperan y los países con modelos económicos y políticos extractivos fracasan.

Explica que muchos países como México, se encuentran convulsionados. Están presos por sus instituciones económicas y políticas que se resisten a la destrucción creativa de los modelos económicos y políticos más inclusivos que amenazan los cotos de poder establecidos.

Para explicar cómo opera la creación de riqueza en una economía inclusiva y la extracción de riqueza en una economía extractiva, hace referencia a dos de los hombres más ricos del mundo: Bill Gates y Carlos Slim.

Explica que Gates se encontraba en un sistema económico y político inclusivo. Él adquiere su fortuna a través de la innovación. Su invento, que aumenta exponencialmente la productividad vuelve obsoleto al líder de mercado y transforma radicalmente los cotos de poder. En este sistema de destrucción creativa gana el que genera más valor para la sociedad.

En contraste, Carlos Slim se encontraba en un sistema económico y político extractivo, que le permitió generar su fortuna a través de la concesión gubernamental de un monopolio, permitiéndole fijar precios altos y bloquear la entrada de la competencia, para extraer el máximo de valor del mercado.

Concluye que en el caso de Gates, él adquiere su fortuna por inventar algo valioso que ayuda al desarrollo de la sociedad y a la generación de riqueza para muchas personas. Mientras que en el caso de Slim, él adquiere su fortuna por capitalizar un sistema político y económico extractivo que genera mucha riqueza para unos cuantos cercanos al poder, a expensas de la competitividad del país.

Ahora es importante señalar que este modelo económico no es nada nuevo. Data desde la Colonia, cuando los españoles sometieron a los nativos mexicanos y los pusieron a trabajar para ellos extrayendo el oro y la plata del país para enriquecer a la corona española. Con la independencia cambiaron los caciques, pero el modelo extractivo conocido hoy como corrupción, sigue vigente.

El libro hace un recorrido histórico que ilustra caso por caso, época por época, que cuando una sociedad se vuelve inclusiva, prospera; y cuando se aleja de ella, pierde fuerza y eventualmente fracasa. Por ejemplo, explica con lujo de detalle cómo nacen, crecen y mueren los imperios Romano y Otomano. ¡Fascinante!

También me llamó la atención el caso de la Ciudad Estado de Venecia. Resulta que en el siglo XIII introdujo una nueva práctica que permitió que gente emprendedora se aleara con las familias poderosas para que juntos ampliaran las rutas de intercambio con Oriente. Esta práctica inclusiva le inyectó un gran dinamismo a la ciudad y la convirtió en el polo de desarrollo y prosperidad más importante de Europa.

Pero llega un momento en el cual la gente en el poder se vuelve mezquina y ya no quiere compartir. Imponen impuestos y promueven leyes que frenan la movilidad social. Esto terminan por crear un éxodo que mata a la ciudad.

Al leer esto me vino a la mente nuestro querido México y la fuga de cerebros de muchos talentosos mexicanos y mexicanas hacia países del primer mundo, al igual que el éxodo de mexicanos de escasos recursos hacia Estados Unidos.

Ahora un punto importante: no se trata de mirar hacia el pasado y buscar culpables, porque aquí la culpa la compartimos todos. Sino se trata de entender cómo funciona la economía, y a la luz de esta nueva evidencia, capitalizarla a nuestro favor.

Ha llegado el momento de forjar una nueva cosmovisión; dejar atrás esas prácticas exclusivas que simplemente generan y perpetúan la pobreza y pasar hacia prácticas inclusivas que fomenten la riqueza.

Y creo que vamos por buen camino. El 2016 fue un parteaguas. Un grupo de ciudadanos nos unimos para promulgar “la ley 3 de 3”. Imperfecta, sí. Pero es un primer esfuerzo serio, gestado desde adentro de las cúpulas del poder, que señala las prácticas extractivas de la corrupción para poder encaminarnos hacía un mayor estado de derecho e inclusión.

Ha llegado el momento de la destrucción creativa; de tender la mano hacia los que históricamente hemos excluido del sistema económico. Ha llegado el momento de compartir con ellos nuestros recursos, conocimientos y capacidades logísticas para incluirlos en la generación de riqueza y multiplicar la riqueza del país.

Lo hemos visto claramente con los migrantes. Los mismos mexicanos y mexicanas que hoy viven marginados en México, cuando ven que tiene la oportunidad de progresar y cruzan la frontera, se convierten en una formidable fuerza productiva: empeñada, creativa y resiliente.

Este es nuestro momento. México está en el mejor lugar para surgir y convertirse en una potencia mundial. Simplemente necesitamos acatar las reglas del crecimiento. Si queremos progresar tenemos que construir una sociedad inclusiva que genere valor real, profundo y duradero para la mayor parte de sus ciudadanos a través de la institución de reglas políticas y económicas más justas.

Sé que cambiar una herencia y prácticas que datan desde hace cientos de años no es fácil. Sin embargo, seguir en una dinámica de una sociedad convulsionada no es opción. ¡Tenemos que cambiar!

Ha llegado el momento de asumir nuestra grandeza y activamente trabajar hacia la coherencia; de crear un esquema social y político inclusivo que genere riqueza, incentive la productividad y la institución de un estado de derecho que constituya un país en el cual nos dé gusto vivir y del cual estemos orgullosos de heredar a nuestros hijos e hijas.

Es el momento de la colaboración. De unirnos a través de las cámaras, asociaciones e instituciones educativas. De fomentar valores inclusivos en nuestras empresas y comunidades. Es el momento de decirle no a la corrupción y al cacicazgo institucional. Es el momento de la destrucción creativa.

¿No lo crees?