¡Habla con Dios!

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Transcripción

Hoy quiero compartir contigo una práctica que realizo diariamente y que me ha ayudado a encontrar la paz, la alegría y el sentido profundo de mi vida. Algunos lo llaman rezar, otros meditar; dale el calificativo que quieras, se trata de conectar con la esencia de la vida, penetrar en el lugar del que todos venimos y al que todos regresaremos, el hogar de la conciencia universal donde se habla con Dios.

¿Cómo llegar ahí?

Todo empieza y termina con la respiración. Con esa infusión divina del aliento que nos da vida. La respiración es el alfa y el omega de la vida. Lo primero que hacemos cuando llegamos a la tierra y lo último que dejamos de hacer cuando nos vamos. Con esa primera inhalación la vida se inspira del ánimo divino y con esa última exhalación se expira, devolviendo el alma a su lugar de origen.

Y es precisamente a través de la respiración que la creación nos ha brindado el vehículo que nos conduce al espacio, más allá de nuestro pequeño ego deslumbrado. El espacio creador divino en el cual nos encontraremos con nuestra esencia más profunda: Dios.

Entonces, acompáñame y disponte a penetrar en lo más profundo de tu ser viajando conmigo sobre las alas de la respiración.

Pero antes de iniciar nuestro viaje déjame hacerte una aclaración. Todo lo valioso de la vida, requiere de disciplina. Esa tenacidad que permite convertir lo ordinario en extraordinario. Y en este caso convertir el acto más vano de la vida, respirar, en el vehículo que nos transportará a lo más profundo de nuestro ser, donde trascenderemos más allá de nuestro ego para encontrarnos con nuestra esencia fundamental.

Empecemos.

Asume una postura de respeto, sentado con la espalda erguida, y respira en forma lenta, profunda y pausada.

Inhala, sonríe. Exhala, da gracias. Una vez más. Permite que tu cuerpo se funda más y más con cada respiración.

Aquí la única regla es aprender a estar quieto y no mover el cuerpo. Se trata de descansar en la quietud de la respiración en el bajo vientre. Y cuando tu mente empieza a divagar, que divagará, en forma suave y compasiva regresarla a reposar sobre las alas de la respiración.

El aprender a dominar la mente a través de la respiración es como llegar a tocar la segunda sonata de Chopin en el piano o correr un maratón. El dominio de la disciplina es férrea, pero bien vale la pena.

Al quedarnos quietos y soltar nuestro miedo y aprensión nos percatamos que hay una fuente de conciencia dentro de nosotros que compartimos con todo a nuestro alrededor. Nos damos cuenta que los límites de nuestro cuerpo se funden y que la conciencia se ensancha.

Y al relajarnos aún más, volando sobre las alas la respiración, penetramos en este espacio vital donde nos percatamos que somos al mismo tiempo amplios, amplísimos, abarcando los confines del universo, al igual que minúsculos penetrando en las partículas más pequeñas del universo intermolecular.

E inhalamos y sonreímos y exhalamos dando gracias.

Y nos damos cuenta que esta realidad es más nosotros que nuestro ego. Que está más conectada a la realidad de quien realmente somos que cualquier proyección de nuestras creencias, poses y miedos.

Estamos en el lugar del cual nacen todas las cosas y a la cual todas las cosas regresan.

Un lugar de bienestar pleno al cual podemos y debemos de recurrir diariamente para recargar nuestras pilas.

Es en este lugar en el cual escuchamos la voz de creación susurrar en nuestro oído, todo está bien. Eres mi hijo amado. Eres luz de la vida. Eres co-creador conmigo y albacea del universo. Tu vida es importante. Tu vida es esencial. Tu estancia en la tierra es corta y el tiempo exige. Levántate y construye. Da hasta que duela y trasciende. Haz que tu vida valga la pena. ¡Avanza tu parte de la creación!

Inhala y sonríe. Exhala y da gracias por el privilegio de estar presente hoy, aquí y ahora.

Entonces, para concluir mi comentario, te quiero invitar a meditar. A aprender a volar sobre las alas de la respiración y hacer contacto con tu esencia más allá de tu ego y a hablar con Dios. Escucha su voz y asume tu grandeza.

Ten un gran día.