Construye un amor maduro, profundo y duradero

Hoy quiero escribir sobre el amor. El amor maduro, profundo y duradero.

¿Qué distingue al amor maduro del amor adolescente? La empatía, la compasión, la complicidad… incluso el humor. 

El amor maduro es resiliente.

Las relaciones humanas siempre estarán amenazadas por desacuerdos, porque cada uno de nosotros tenemos nuestros “momentos” difíciles. 

El amor adolescente es egoísta, intolerante y revanchista. Está lleno de desplantes como “No te perdonaré haberme hecho eso”. Es el yo, yo, yo, plagado de acusaciones como “Tú nunca… o tú siempre…”. Incluso de frases tan tóxicas como “Te odio”.

El amor maduro es mucho más humano. Cuando nuestro compañero o compañera está teniendo un “mal momento” y hace un comentario desatinado, en vez de buscar la revancha, uno es compasivo. Reflexiona: mi amor está teniendo un mal momento o incluso un mal día y está sufriendo. 

A lo mejor uno no puede resolver su contratiempo, pero uno sí puede extenderle su amor y asegurarle que está aquí para apoyarle… y la tormenta pasará y el sol volverá a brillar. Y uno estará presente para darle la bienvenida al regreso a la normalidad de un estado maduro de amor.

Ahora, veámoslo desde otro aspecto: cuando somos nosotros los que estamos teniendo el “mal momento” y hacemos o decimos algo que lastima a nuestro ser querido.

El amor adolescente se engancha y pelea y engendra una batalla de egos. A ver quién lastima más; quién es más elocuente en el perverso arte de la difamación. 

¡No! ¡No! ¡No! Hay que evitar a toda costa la pelea. Es tan fácil lastimar y tan costoso recuperar la confianza. 

Simplemente piensa en el poder de las palabras “te amo” y “te odio”. Piensa cuántas veces te han dicho “te amo” y cuántas veces te han dicho “te odio”. Seguramente la relación es mil a uno y, sin embargo, esas dos palabras, “te odio”, calan en lo más profundo de nuestro ser y se tatúan en nuestro corazón.

Así es: estamos programados para darle mayor valor a lo negativo que a lo positivo; a temer el rechazo por encima de todas las cosas.

Por lo tanto, hay que evitar provocar y lastimar y aplicar en nuestras relaciones la regla de John Gottman, el célebre experto, en cómo hacer que un matrimonio perdure. Él dice que para tener una relación sana hay que tener cinco interacciones positivas por cada interacción negativa. Esto es, buscar cinco coincidencias por cada diferencia. O sea, buscar lo que está bien por sobre lo que está mal y decir cinco, diez o mil cosas bonitas por cada cosa fea. Si hacemos esto nos depara un matrimonio sano, longevo y feliz. Si no lo hacemos, la probabilidad de que ya no estemos juntos en diez años es muy alta. 

Para concluir este comentario, te invito a reflexionar sobre tus relaciones. ¿Cuál es la relación de interacciones positivas-negativas en tu vida? Si es más de cinco a uno en tus relaciones personales y más de tres a uno en tus relaciones profesionales, vas bien. Si no, recapacita. 

Asume tu grandeza y conquista la felicidad de amor profundo, real y duradero.

Hasta el próximo comentario. Ten un gran día.