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Cómo usar los neurotransmisores para construir una gran empresa 

A cada rato escuchamos hablar sobre cómo la mente humana se parece a una computadora: que tiene su RAM y ROM y procesos lógicos, pero poco escuchamos hablar sobre la parte relacionada a lo emocional, que también la constituye y está íntimamente ligada a nuestra humanidad.

Por lo tanto, hoy quiero explorar contigo los químicos emotivos de la vida, los neurotransmisores, y cómo utilizarlos para crear organizaciones humanas ganadoras. 

Déjame empezar por nombrar los principales cinco neurotransmisores que nos mueven. Los tres primarios están enfocados a sobrevivir, y los compartimos con todas las criaturas desde reptiles y aves, hasta mamíferos y humanos: cortisol, dopamina y endorfinas. Neurotransmisores que podríamos catalogar como “egoístas”, porque nos motivan a subsistir a toda costa. Por otro lado, tenemos los neurotransmisores humanos que podríamos catalogar de “trascendentes”: oxitocina y serotonina, que están detrás del desarrollo vertiginoso de la especie humana; tienen que ver con las emociones de amor, respeto y confianza.

Veámoslos en acción y cómo podemos aplicarlos para construir empresas más aptas para los humanos y que generen valor real, profundo y duradero que trasciende.

Lo primero que tenemos que comprender es que cada interacción social conlleva la anticipación de un disparo de oxitocina o de cortisol. ¿Seremos aceptados o rechazados? ¿Crecerá o disminuirá nuestro estatus social? Como criaturas sociales, nuestro instinto de supervivencia está a todo lo que da. 

Por eso es vital entender cómo operan los químicos emotivos de la vida y usarlos para construir empresas más sólidas y humanas. No hay que abusar de ellos para manipular a la gente a través de la estimulación de los neurotransmisores egoístas. 

Déjame darte un ejemplo. Muchas de las empresas más agresivas, comercialmente hablando, motivan a sus ejecutivos con base en la promesa de grandes comisiones y bonos trimestrales, lo que incita a todo lo que da la fabricación de cortisol y dopamina. Esta estimulación crónica crea adicciones en los ejecutivos muy parecidas a las provocadas por el consumo de cocaína o del juego en un casino. El o la ejecutiva adicta a la dopamina vive para el próximo disparo de “logro”. Y entre más cortisol y dopamina van generando, más se inhibe su fabricación de oxitocina, lo cual lleva a la persona a realizar actos tremendamente egoístas.

La anticipación de que el trimestre está por concluir y no has llegado al objetivo, dispara el cortisol junto con otro neurotransmisor, la adrenalina; juntos te ponen listo para pelear por tu bono con todo lo que tienes, como si estuvieses peleando por tu vida. Requieres desesperadamente tu disparo de dopamina y harás TODO lo que sea necesario para obtenerlo: bajarás el precio, traicionarás al compañero e incluso te acostarás con el cliente si es necesario para llegar al objetivo. 

Estas prácticas estimulan el lado más oscuro del ser humano. El empresario ve a los jóvenes como cosas para explotar y desechar cuando se agotan por tanta deshumanización y estrés. Y el joven vende su alma al diablo por la promesa de una recompensa vacía.

Aquí nos tenemos que preguntar: ¿cuál es la finalidad de una empresa, extraer valor tan rápidamente como sea posible, o construir un modelo económicamente eficiente que genere más valor que el que se extrae del sistema? Yo estoy convencido que es la segunda, y que las empresas que lucran con la extracción a ultranza del valor son nefastas para la humanidad.

Las empresas son instituciones humanas cuyo fin es enaltecer la vida. Hay que tomar esto muy en serio, como lo hace la naturaleza. ¡Estamos aquí para servir, no para servirnos! Para ello hay que echar mano de los químicos emotivos de la vida, que son los fundamentos de nuestra humanidad. Ella nos ha proporcionado la oxitocina y serotonina para motivarnos a que juntos forjemos un mundo mejor. 

Estos químicos neurotransmisores estimulan el amor. El deseo de ver por nuestros hijos, el sentido de unidad social y la profunda satisfacción de la trascendencia. Los químicos nos hacen ser y seguir a grandes líderes y construir un espíritu de grupo infranqueable.

Son los que han hecho de los humanos la raza más extraordinaria de la creación. Aquella que es capaz de sacrificarse por los demás y asumir la responsabilidad de la continuidad; de ser su albacea y promotor; de ser la especie destinada a poblar el universo.

Pero para ello necesitamos asumir nuestra grandeza. Y entender que la vida es grande y frágil a la vez.

Hay que construir programas que estimulen las ventas a través de la generación de confianza a lo largo y ancho de la empresa. Una confianza que se transmita a los clientes: que sientan el orgullo de ser parte de una familia trascendente que entrega valor real, profundo y duradero; un grupo humano que ama su trabajo y se desvive para servir.

En resumen, hay que fomentar en la empresa el desarrollo de los químicos de la confianza, el respecto y la felicidad: la serotonina y oxitocina, que promueven el liderazgo y la cohesión del grupo. Y aunarlos a disparos dopamina y endorfinas a través de la celebración de formar parte de un equipo ganador.

 ¿Y a ti, en qué tipo de empresa te gustaría trabajar? ¿A qué tipo de empresa te gustaría comprar? ¿Una que fomenta la grandeza o una que explota la debilidad?

¡Hay que ser y favorecer la luz que queremos ver en el mundo! ¡Adelante! 

Como siempre, te recuerdo que tú eres grande y que la vida exige tu grandeza.

Hasta el próximo comentario.

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