Hoy quiero invitarte a un cambio de paradigma: ayudar a que los robots te quiten el trabajo.

Mucha gente teme que la tecnología acabará con su empleo, y tiene razón. Todo lo que se puede sistematizar se va a sistematizar. La pregunta es si esto es malo. Y yo creo enfáticamente que no lo es. Desde mi perspectiva es algo bueno y necesario.

Permíteme decirte por qué. Los empleos que los robots nos van a quitar son empleos rutinarios que no añaden profundo valor humano. Al nivel que los robots nos los quitan de las manos, nos liberarán para poder inventar nuevos empleos que realmente añaden valor.

Por eso es vital cambiar el paradigma. No es la máquina o el humano. Es el humano apoyado con la máquina que nos permitirá desarrollar todo nuestro potencial.

Déjame darte algunos ejemplos. Actualmente cuando pensamos en manufactura pensamos en China. Sin embargo, con el costo de robots cayendo exponencialmente, vamos a poder hacer producción local en forma mucho más barata, al eliminar el envío de mercancía trece mil kilómetros desde China a México. Esto va a permitir impulsar la economía local y generar interesantes nuevos empleos, que son bien remunerados.

Otros ejemplos son cosas que podemos hacer los humanos, pero que los robots los hacen mucho mejor que nosotros. Por ejemplo, pilotear un avión 787. Básicamente durante todo un vuelo transatlántico solo se requiere del piloto durante los siete minutos de despegue y aterrizaje, y esto es simplemente para extremar precaución. Sí, el piloto puede pilotear el avión todo el camino, ¿pero para qué? Es más cansado y peligroso.

Ahora, veamos que sucede durante un análisis de una tomografía para detectar células cancerosas. Un robot puede revisarla con una precisión y rapidez que es imposible para un humano. Entonces delegar esta tarea al robot, nos puede salvar la vida. O que tal cada vez que hacemos clic sobre un botón de búsqueda y desencadenamos algo que parece mágico, poder tener al instante acceso a casi cualquier tipo de información depurada. Esto nos permite dedicar nuestro tiempo a capitalizar la información, en vez de buscarla.

Entonces, dejemos de preocuparnos y ocupémonos en capitalizar la ventaja competitiva que nos brinda la tecnología. Insisto, muchos de los trabajos que nos está quitando son trabajos rutinarios que no añaden mucho nuevo valor, o trabajos que humanamente no podemos hacer tan bien como ellos. Hagamos las paces con los robots, y démosle la bienvenida a las nuevas habilidades que nos permiten desdoblar nuestra creatividad.

Y hablando del miedo, un punto muy importante. Los malvados robots “humanoides” que van a someternos son producto de películas de ciencia ficción. Realmente los robots que veremos durante los próximos 20 a 30 años son robots con funciones muy específicas, como pilotear un avión, revisar una tomografía o imprimir mercancía en una impresora 3D. Falta mucho para que los robots sean multidisciplinarios como nosotros.

Entonces ¿qué debemos hacer? Hay que capitalizar el momento actual. Cada nueva automatización que logremos crear traerá con ella nuevos empleos bien remunerados. Empleos que no existirían si no fuese por la automatización. Algunos de estos nuevos empleos serán un ejército de técnicos que darán servicio a los robots. Otros serán programadores expertos en algoritmos que permitirán mejorarlos constantemente. Y otros serán una serie de nuevos negocios que explotarán la información que generan los robots para aplicarla para entender y atender mejor a otros seres humanos. Servicios que realmente añadan valor real, profundo y duradero a nuestros hermanos y hermanas.

En conclusión. No le temas a los robots. Ayuda a que te quiten el trabajo rutinario. ¡Libérate para poder hacer trabajo que realmente vale la pena!

Cambia el paradigma. Los robots no están aquí para suplantarnos. Están aquí para potenciarnos. Simplemente necesitamos hacer las paces con ellos y superar nuestros miedos. Hay que aprender a hablar su lenguaje y capitalizarlos para generar mayor riqueza y bienestar para ti, para mi y para la sociedad, en un entorno de profundo respeto para la tierra.

Con eso concluyo mi comentario de esta semana, y como siempre te recuerdo que tú eres grande y que la vida exige tu grandeza.